Todo lo que hacemos en la red es público

Una de los temas que más se están debatiendo en los foros de Internet en estos días es la posibilidad de que Google, Yahoo! y otros grandes portales de búsqueda deban abrir sus registros a las autoridades norteamericanas y europeas, que esperan encontrar allí una herramienta de inteligencia contra el terrorismo y la pornografía infantil.

El sacudón provocado por el artículo de Ars Technica ( www.arstechnica.com ) del 5 de este mes (¿Le gustaría ver su historial de búsquedas hecho público?) fue causado menos por la posibilidad de que algo así ocurra que por la convicción de que somos anónimos en la Red. No sé cómo llegó a enraizar tan profundamente esta idea en nuestras mentes.

No somos ni nunca fuimos anónimos en Internet. No sin aplicar técnicas más o menos complejas de ocultamiento que, se entiende, no están al alcance del gran público.

A los fines prácticos, ver páginas Web, mandar mails o chatear es idéntico a salir a la calle con el auto. Hay un gran número (llamado IP en Internet y patente vehicular en la calle) pintado en nuestra espalda. Peor aún, en la Red las cámaras de vigilancia están en todos lados, todo el tiempo.

Cuando usted se conecta con Internet, el proveedor de servicio le asigna un número IP a su computadora, una chapa patente virtual. Mientras siga en línea, ese número lo seguirá a todas partes. Técnicamente, ese número es su PC.

Por lo tanto, cada vez que entre en una página Web se registrará -no ya en una sola computadora, sino en varias- ese IP. Cuando envíe mails, cuando chatee, cuando baje archivos, cuando haga una compra virtual o una búsqueda en Google o Yahoo!, lo mismo. Naturalmente, el único que tiene la información para vincular esa patente virtual con usted es el proveedor de Internet, pero es suficiente: en alguna parte figura que una persona con nombre y apellido ha hecho tales y cuales cosas en la Red.

Ahora, en verdad, por medio del IP no es posible determinar quién estaba ante la computadora: usted, un socio o un amiguito de su hijo. Pero hay alguien que es el responsable de la cuenta o, en el caso de los proveedores gratis, de la línea de teléfono.

Aparte de la decisión que podría tomar un juez en cada caso particular, lo que queda claro es que si alguien comete un delito virtual usando su cuenta de acceso a Internet, habrá docenas de registros, rastros y huellas que apuntan a usted. No porque sí el robo de identidades y la invasión solapada de computadoras son una práctica tan difundida entre los piratas informáticos.